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viernes, 30 de abril de 2010

Mejor dormir que... murmurar (A. De Mello)


Sa'di de Shiraz relata esta historia acerca de sí mismo:
Cuando yo era niño, era un muchacho piadoso, ferviente en la oración y en las devociones. Una noche estaba yo velando con mi padre, mientras sostenía el Corán en mis rodillas. Todos los que se hallaban en el recinto comenzaron a adormilarse y no tardaron en quedar profundamente dormidos. De modo que le dije a mi padre:

— «Ni uno solo de esos dormilones es capaz de abrir sus ojos o alzar su cabeza para decir sus oraciones. Diría uno que están todos muertos»

Y mi padre me replicó:

— «Mi querido hijo, preferiría que también tú estuvieras dormido como ellos, en lugar de murmurar».

La conciencia de la propia virtud es un riesgo muy propio de quien se embarca en la oración y en la piedad.

viernes, 16 de abril de 2010

PAZ PERFECTA



Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron.
El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que ésta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, él miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en su nido...
¿Paz perfecta... ? ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?
El Rey escogió la segunda. ¿Sabes por qué?

El rey explicaba que "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."

¿Y tú... ?.... ¿sabes dónde o con quién está la verdadera paz de tu corazón?...

(Desconozco el autor)

domingo, 11 de abril de 2010

El amor, la princesa y el plebeyo




Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristocratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejercitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:

-"Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor... Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas...Esa es mi dote..."

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: -"Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposaras".

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegria y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: -"¿Qué fué lo te que ocurrió?...Estabas a un paso de lograr la meta...¿Por qué perdiste esa portunidad?... ¿Por qué te retiraste?..."
Con profunda consternación y algunas lagrimas mal disimuladas, contesto en voz baja: -"Mi amada princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento...Ni siquiera una hora... No merecia mi amor...".

domingo, 17 de enero de 2010


Uno de los pocos hombres que ha caminado por la Luna, cuenta cómo tuvo que reprimir sus instintos artísticos cuando llegó al satélite.

Recuerda que, cuando se hallaba mirando embelesado a la Tierra, estaba como praralizado por el asombro y diciéndose para sí: "Dios mío, qué preciosidad!

Pero en seguida, volviendo en sí, se dijo: "Deja de perder el tiempo y dedícate a recoger piedras"

......

Hay dos tipos de educación:

la que te enseña a ganarte la vida

y la que te enseña a vivir.



(A. De Mello)

jueves, 14 de enero de 2010

GALLETITAS....(un cuento de Jorge Bucay)


A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.

Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa al kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de gaseosa.

Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. Imprevistamente la señora ve, por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.

La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.

El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. " No podrá ser tan caradura", piensa, y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.

Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.

- Gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita.

- De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

El tren llega.

Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: " Insolente".

Siente la boca reseca de ira. Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... INTACTO!

viernes, 31 de octubre de 2008

El oficio de Dios

Hablando de la misericordia de Dios, así nos cuenta A. de Mello en su libro "La oración de la rana"......

"Es costumbre entre los católicos confesar los pecados a un sacerdote y recibir de éste la absolución como un signo del perdón de Dios. Pero existe el peligro, demasiado frecuente, de que los penitentes hagan uso de ello como si fuese una especie de garantía o certificado que les vaya a librar del justo castigo divino, con lo cual confían más en la absolución del sacerdote que en la misericordia de Dios.

He aquí lo que pensó hacer Perugini, un pintor italiano de la Edad Media, cuando estuviera a punto de morir: no recurrir a la confesión si veía que, movido por el miedo, trataba de salvar su piel, porque eso seria un sacrilegio y un insulto a Dios.

Su mujer, que no sabia nada de la decisión del artista, le preguntó en cierta ocasión si no le daba miedo morir sin confesión. Y Perugini le contestó: “Míralo de este modo, querida: mi profesión es la de pintor, y creo haber destacado como tal. La profesión de Dios consiste en perdonar; y si él es tan bueno en su profesión como lo he sido yo en la mía, no veo razón alguna para tener miedo".

miércoles, 21 de mayo de 2008


Siempre está viva la fe en el corazón de los hombres... - Dijo el sacerdote al ver la iglesia llena-.

Eran obreros del barrio más pobre de Río de Janeiro, reunidos esa noche con un solo objetivo común: la Misa de Navidad.
Se sintió muy confortado. Con paso digno, llegó al centro del altar.

- a, b, c, d,...

Era, al parecer, un niño el que perturbaba la solemnidad del oficio. Los asistentes se volvieron hacia atrás, algo molestos.

- a, b, c, d,...

¡Para! - dijo el cura.

El niño pareció despertarse de un trance. Lanzó una mirada temerosa a su alrededor y su rostro enrojeció de vergüenza.

- ¿Qué haces? ¿No ves que perturbas nuestras oraciones?

El niño bajó la cabeza y unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas...

¿Dónde está tu madre? - insistió el cura. ¿No te ha enseñado a seguir la Misa?

Con la cabeza baja el niño respondió:
- Perdóname, pero yo no he aprendido a rezar. He crecido en la calle, sin padre ni madre. Hoy, como es Navidad, tenía la necesidad de conversar con Dios. Pero no sé cuál es la lengua que Él comprende, por eso digo solo las letras que yo sé. He pensado que, allá arriba, Él podría tomar esas letras y formar las palabras y las frases que le gusten.

El niño se levantó.

Me voy -dijo-. No quiero molestar a las personas que saben tan bien cómo comunicarse con Dios.

Ven conmigo - le respondió el sacerdote.

Tomó al niño por la mano y lo condujo al altar. Después se dirigió a los fieles. Esta noche, antes de la misa, vamos a rezar una plegaria especial. Vamos a dejar a Dios que escriba lo que Él desea oír. Cada letra corresponderá a un momento del año en el que lograremos hacer una acción, luchar con coraje para realizar un sueño o decir una oración sin palabras. Y le pediremos que ponga en orden las letras de nuestra vida.
Vamos a pedir en nuestro corazón que esas letras le permitan crear las palabras y las frases que a Él le agraden.

Con los ojos cerrados, el cura se puso a recitar el alfabeto. Y, a su vez, toda la iglesia repitió:

- a, b, c, d,...

Paulo Coelho

miércoles, 26 de marzo de 2008

LA FEALDAD Y LA BELLEZA

LA FEALDAD Y LA BELLEZA

Sucedió en una tarde de verano que La Belleza se paseaba por un precioso paraje en las márgenes de un río. El día era tan caluroso que se le ocurrió desnudarse de sus preciosas ropas de finas sedas, depositándolas sobre la hierba a fin de refrescarse con un buen baño.

Pero curiosa coincidencia, sucedió que también por allí se encontraba paseando La Fealdad con sus ropas descoloridas y sencillas. Al pasar junto al río, se le ocurrió la misma idea que a la Belleza, por lo que sin dudar, se despojó de sus ajadas apariencias y, colocándolas junto a las ropas de la Belleza, se zambulló en el río.

Estuvieron un rato chapoteando divertidas hasta que La Fealdad decidió salir mientras la Belleza continuaba su baño. Cuando la Fealdad llegó a la orilla y contempló las preciosas ropas que La Belleza había dejado en la orilla, decidió vestirse con ellas, dejando en vez sus antiguas prendas allí sobre la hierba. Al poco, siguió su camino y se alejó por el sendero.

Más tarde, cuando la Belleza decidió salir del agua, comprobó que la Fealdad se había llevado sus ropas recién estrenadas; a cambio, le había dejado las viejas. La Belleza, viendo que la tarde caía y no atreviéndose a la desnudez, decidió vestirse con aquellas ropas y continuar su paseo por entre montañas y valles.

Desde entonces, cuentan los sabios que en este mundo que vivimos, hay algunos que:

Contemplan el rostro de la Belleza
y saben que no lleva sus ropas.

Y otros, que conocen el rostro de la Fealdad
y sus ropas no los engañan.

miércoles, 20 de febrero de 2008

La Realidad



Érase una vez, un reino en el que la prosperidad y la abundancia se hallaban repartidas de manera justa entre todos sus habitantes. Su Rey que tenía fama de ecuánime y sabio, le gustaba pasear al alba por los bellos jardines de su palacio en los que crecían las flores más raras y variadas que ningún visitante llegó a imaginar.
Un día, hallándose el Rey observando el iris oscuro y profundo de un ciervo al que acariciaba, irrumpió de pronto en su mente un poderoso interrogante acerca de la Realidad.
¿"Cuál es la verdadera naturaleza de lo que llamamos "real"? Se preguntó mirando el ojo abismal de aquel tierno animal;
¿"Qué es en verdad lo que percibimos como realidad"? ¿"Lo que ven nuestros ojos"? ¿"Lo que interpretamos de lo que percibimos"?
Se preguntaba abrumado.

"En verdad que hay muchas teorías acerca de la Realidad que llenan las bibliotecas de mi palacio", se decía, "sin embargo, quisiera saber algo más preciso, algo más sencillo y clarificador que calme la sed de comprender que acaba de inquietar mi corazón".
De inmediato, llamó a su chambelán y ordenó convocar a los hombres de conocimiento más destacados del reino, a fin de que inducirles a elaborar un planteamiento definitivo sobre la naturaleza de la Realidad.
Aquel grupo seleccionado de estudiosos y amantes del saber, tras muchos años de heroico esfuerzo, presentaron al fin a su Majestad un enorme tomo que pretendía satisfacer la gran pregunta que le mantenía en vilo.

El Rey, tras observar el exagerado tamaño de la respuesta, rechazó el trabajo advirtiendo que no respondía exactamente a su inquietud. Con lo cual, les pidió que resumieran todos sus descubrimientos en tan sólo un único párrafo.
Los expertos, aunque severamente descorazonados, obedecieron a su majestad y volvieron al retiro de su difícil labor.
Al cabo de otros diez años, se presentaron con una propuesta condensada que, con total seguridad, pensaban, respondería la gran pregunta de su Majestad sobre la naturaleza de la Realidad.
Tras leerlo ávidamente, el Rey dijo expresando cierta frustración: "Todavía es demasiado largo. La Naturaleza de la Realidad debe ser formulada en una sola palabra. Una única palabra que lo diga todo acerca de la misma."

Con gran pesadez y frustración, el grupo de expertos se retiró y comenzó de nuevo a deliberar. Tras muchos años, los pocos estudiosos que quedaban todavía con vida se atrevieron a presentar ante el Rey, con manos temblorosas, un manuscrito maltrecho con muchos borrones.
Sobre él estaba escrita una sola palabra:
El Rey, al leerla y comprender, sonrió iluminado.

¿"Cuál es"? ¿"Cuál es"? Preguntaron inquietos los cortesanos que presenciaban tan fausto acontecimiento.
El Rey, mostrando el manuscrito a los presentes dijo:
"La palabra que resume la verdadera naturaleza de lo que llamamos la Realidad es:
... "QUIZÁS"...

martes, 5 de febrero de 2008

Para pensar, con A. de Mello



Una noche, estaba el poeta Awhadi de Kerma sentado en el porche de su casa e inclinado sobre un cuenco de barro.
Pasó por allí el sufí Tabrizi y le preguntó: ¿Qué estás haciendo?

- Contemplando la luna en una taza de agua, le respondió.

- A no ser que te hayas roto el cuello, ¿por qué no miras directamente a la luna en el cielo?

Las palabras son un reflejo imperfecto de la realidad. Un hombre creía saber cómo era el Taj Mahal porque había visto un trozo de marmol y alguien le dijo que el Taj Mahal no era más que un montón de piezas como aquella.
Y otro hombre estaba convencido de que, como había visto agua del Niágara en un cubo, sabía como eran las cataratas.

(A. de Mello)

jueves, 13 de diciembre de 2007


Sobre la generosidad, la gratitud... en hacer las cosas sencillas, desde el corazón..... de forma natural... sin pedir nada a cambio.
Comparto este cuentito que me he encontrado y que es una adaptación al de Bernie Siegel.


EL pájaro y la postal:
¿Alguna vez has salvado la vida de un pájaro?
¿Alguna vez has recogido un pájaro que hubiera entrado herido o enfermo por tu ventana
... o que tal vez se había golpeado con tu coche, o que habías encontrado en alguna cuneta?
¿Lo has hecho?
Y después, ¿lo has cuidado?
¿Lo has alimentado?, ¿lo has curado?
Y, cuando ya estaba sano, ¿has abierto la ventana para que se fuera?
¿Cómo te has sentido en el momento que lo has visto volar?
Muy bien, ¿no?

Quizás no has tenido ocasión nunca de hacer todo esto,
pero seguro que puedes imaginar que, si lo hubieras hecho,
te sentirías así.
Contento contigo mismo. Feliz.

Y que después no abrirías cada día el buzón, esperando encontrar una carta o una postal de agradecimiento del pájaro o de su familia.
¿Verdad que no?

Ni dirías cada vez que sonara el teléfono:
--¡Vaya!, no es el pájaro, lo mínimo que podría hacer es llamarme para
agradecerme todo lo que hice por él.

Ni esperarías que para tu cumpleaños te enviara algún regalo.
¿Verdad que no se te ocurrirían estas cosas?
Ni siquiera pensarías en ello.

Sencillamente... estarías contento.


Con todo cariño.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Saber disfrutar el presente.....


Esta es una de esas historias de todos los tiempos, y dice así:



Dicen que Diógenes iba por las calles vestido con harapos y durmiendo en los zaguanes.
Cuentan que, una mañana, cuando estaba amodorrado todavía en el zaguán donde había pasado la noche, pasó por aquel lugar una acaudalado terrateniente.
- Buenos días - dijo el caballero.
- Buenos días - contestó Diógenes.
- He tenido una semana muy buena, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.
Diógenes lo miró en silencio sin hacer ni un movimiento.
- Tómalas. No hay trampa. Son mías y te las doy a ti, que sé que las necesitas más que yo.
- ¿Tú tienes más?- le preguntó Diógenes.
- Claro que sí - contestó el rico- muchas más.
-¿no te gustaría tener más de las que tienes?
-Sí, por supuesto que me gustaría.
- Entonces, guárdate estas monedas porque tú las necesitas más que yo.

Algunos cuentan que el diálogo siguió así:
- Pero tú también tienes que comer y eso requiere dinero- insistió el caballero.
- Ya tengo una moneda - y la mostró- y me bastará para un tazón de trigo para hoy por la mañana y quizá algunas naranjas.
- Estoy de acuerdo. Pero también tendrás que comer mañana... y pasado mañana... y al día siguiente. ¿De dónde sacarás el dinero mañana?
- Si tú me aseguras, sin temor a equivocarte, que viviré hasta mañana, entonces quizá tome tus monedas.

(Déjame que te cuente. J. Bucay)

lunes, 13 de agosto de 2007

Vivir con ilusión...



Un psicólogo que sobrevivió a los campos de concentración nazis, Viktor Frankl, en un libro donde cuenta su experiencia dice: "para ser capaces de enfrentarnos a la angustia, al dolor, o simplemente, al cansancio o al tedio, los seres humanos necesitamos encontrar un sentido a lo que hacemos. Lo contrario es un sentimiento de absurdo, de incomprensión, de sinsentido".

Hay personas que quieren tener un hijo, o escribir un libro, fundar una empresa o comprometerse en una ONG o partido político, precisamente para encontrar significado a su existencia.
Otorgarle sentido a lo que hacemos nos habre las puertas de nuestra energía interior, despierta todas nuestras posibilidades como personas.

Quien encuentra el verdadero sentido de vivir nunca se sentirá defraudado.
Quien se "encuentra" con Aquel que da sentido a todo, que es la Verdad, tendrá la fuerza necesaria para superar todo los sinsabores y dificultades que se le presenten.
Mientras tanto llegue ese "encuentro", es bueno dar un sentido a nuestro quehacer, creo que tarde o temprano llegará el bueno.

Este ejemplo nos ayudará a entender.

Cuéntan que hace muchos siglo, un hombre paseaba por una ciudad castellana donde se construía una catedral y vio a tres canteranos trabajando.
Cada uno de ellos tallaba una piedra a golpe de cincel y martillo. Las tres piedras eran muy parecidas.
Nuestro hombre se acercó al primer cantero y le preguntó qué hacía: "Pues ya ve, deslomándome con esta maldita piedra".
Se acercó al segundo y le hizo la misma pregunta, a la que éste respondió: "tallando un bloque cuadrado para continuar este muro".
Por último, se acercó al tercer cantero, que respondió entusiasmado: "¡estoy construyendo una catedral!".
Las piedras eran iguales; el esfuerzo parecido; el sentido, absolutamente distinto.

Ahora podemos mirarnos y preguntarnos siguiendo el ejemplo anterior:
¿qué tipo de cantero soy?

Busca el sentido a todo lo que hagas y pienses, te ayudará a vivir con ilusión.

Paz y bien.

jueves, 5 de julio de 2007


Árboles sin raíz.


(de periodistadigital)

Me comentaba recientemente un amigo sacerdote que en el estado mexicano de Jalisco crecen unos árboles inmensos que no tienen apenas raíces. «Como allí llueve casi a diario durante varios meses al año, los árboles tienen suficiente agua en la superficie, y sus raíces no profundizan en la tierra», explicaba. El problema, claro, viene cuando comienza la temporada de los vendavales, que se llevan por delante varios árboles e incluso provocan accidentes y alguna que otra muerte.

La moraleja es clara: lo que no tiene raíz, antes o después se viene abajo. Jesucristo ya puso un ejemplo parecido hace dos mil años con la casa construida sobre arena. Y esto, que vale para la vida de cada uno, me temo que también es válido para explicar lo que ha ocurrido en España en las décadas intermedias del siglo XX. Como el ambiente estuvo habitualmente empapado de religiosidad, se crearon grandes obras que, al primer vendaval, se han derrumbado estrepitosamente. Nos acomodamos y nos acostumbramos a tener todas las facilidades en bandeja de plata: había curas de sobra y hasta nos permitimos el lujo de «exportarlos» a países de misión; prácticamente todos los niños españoles estudiaban en colegios católicos; desde el Gobierno se favorecía la religión y casi todo el mundo vivía, al menos aparentemente, en clave católica. No entro en si esto fue bueno o malo, pero sí que ha sido, desde luego, un estupendo somnífero. Luego llegó el vendaval sobre la Iglesia española, y ahora nos vemos con pocos curas, problemas de financiación y unos laicos que aún no se enteran bien, por lo general, de lo que está pasando.

Pero no todo es, por supuesto, negativo. Si así fuera, Dios habría dejado de ser Dios hace tiempo. Junto a los árboles derrumbados han brotado otros que arraigan con fuerza. Ojalá que sus raíces profundicen en la tierra fértil de la Iglesia para volverle a dar grandes obras.

jueves, 3 de mayo de 2007

El cartel


" POR FAVOR AYÚDEME, SOY CIEGO ".


Un creativo de publicidad que pasaba frente a el, se detuvo y observó unas pocas monedas en la gorra. Sin pedirle permiso tomó el cartel, le dio vuelta, tomó una tiza y escribió otro anuncio.

Volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue. Por la tarde el creativo volvió a pasar frente al ciego que pedía limosna, su gorra estaba llena de billetes y monedas.
El ciego reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él, el que rescribió su cartel y sobre todo, qué había puesto.

El publicista le contestó " Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, pero con otras palabras ".

Sonrió y siguió su camino. El ciego nunca lo supo, pero su nuevo cartel decía:
" HOY ES PRIMAVERA, Y NO PUEDO VERLA ".

La pelea de los lobos

Un cacique le cuenta a sus nietos.........

Una gran pelea esta ocurriendo dentro de mi, es entre dos lobos.

Uno de los lobos es maldad, temor, ira , envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatria.

El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad ,empatia, verdad, compasión y fe.

Esta misma pelea esta ocurriendo dentro de ustedes, y dentro de todos los seres de la tierra.Lo pensaron por un minuto?

Y uno de los niños le pregunto a su abuelo.
"¿Cual de los lobos ganara?"

Y el viejo cacique respondió simplemente....
EL QUE ALIMENTES.

martes, 1 de mayo de 2007

lunes, 30 de abril de 2007

Tu verdadero valor (un relato milenario)

Historias de todos los tiempos y culturas recontadas hoy.

- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no valgo absolutamente nada. Me gritan que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que los demás me valoren más?

El maesto, sin mirarlo le dijo: "cuánto lo siento muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizás después..." Y haciendo una pausa agregó: "Si quieres ayudarme tú a mí, podría resolver el este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar".
-Ee..encantado, maestro, titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
- Bien, continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió: "toma el caballo que está ahí fuera y ve al mercado. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas".
El joven tomó el anillo y se fué. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecerlo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.
Cuando el muchacho mendionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa para entragarla a cambio de un anillo. Alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la ofrerta.
Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó. Cuánto huviera deseado tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación y recibir al fin su consejo y ayuda.
El joven entró en la habitación del maestro.
- Maestro, dijo- "lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que pueda engañar a nadie respecto al verdadero valor del anillo.
- Eso que has dicho es muy importante, joven -contestó sonriendo el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Ve a ver al jollero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías venderlo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no lo vendas. Vuelve aquí con el anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego dijo al chico:
- Dile al maestro, joven, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro.
-¿Cincuenta y ocho monedas de oro? -expalmó el muchacho.
- Sí, replicó el joyero.- Yo sé que con tiempo podríamos obtener cerca de setenta monedas, pero si la venta urge...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate- dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y, diciendo ésto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

(Déjame que te cuente, de J. Bucay).

jueves, 26 de abril de 2007

Unidos

Daisypath Anniversary Years Ticker

Mucho más, mucho mejor